Sorprendente y emocionante fue la inauguración el pasado sábado 27 de noviembre de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Porque en el presidium de ese evento, que siempre había sido encarnación del oficialismo político y literario, también estaban en esa ocasión dos famosos, pero cuya trayectoria tiene que ver con la denuncia de la persecución política y la represión: la chilena Diamela Eltit, premiada por su escritura contra el pinochetismo y la derecha, y el nicaragüense Sergio Ramírez, perseguido por el régimen de Daniel Ortega, con quien alguna vez luchó desde la izquierda contra el dictador.

Pero no solo por eso.También fue sorprendente y emocionante, porque en lugar de los representantes del poder político o de la cultura oficial, estaba el presidente del INE, supongo que en representación de las instituciones autónomas hoy amenazadas, y porque en lugar de los discursos vacíos que año con año repiten los lugares comúnes de lo muy importante que es la cultura, escuchamos al presidente de la Feria lanzar palabras muy fuertes en verdadera defensa de la misma. Y es que Raúl Padilla se lanzó con todo contra los gobiernos que se valen de su poder para reducir presupuestos, intimidar o ignorar a la cultura y acallar a la disidencia y la crítica.

Extraño cambio. Antes, secretarios de Estado y hasta algún Presidente de la República inauguraban el evento y todavía el año pasado, lo hizo el gobernador del estado, quien defendió a la FIL como si deveras creyera en su importancia.

Extraño cambio también, pues desde hace treinta años, Padilla ha sido el cacique de la cultura, dueño de ferias y festivales, derrochador en cátedras, premios, invitados de lujo y cenas para agasajar a cuanta celebridad literaria existe.Y de repente, por obra y gracia de un discurso, pasó a convertirse en encarnación de la resistencia contra el poder y a favor de la cultura.

Fue sorprendente y emocionante escucharlo defender apasionadamente a las ideas, a la escritura y la lectura, elogiar a los libros y a la crítica, tan castigada, tan burlada y tan descalificada en estos tiempos.

Es cierto, hay que reconocerlo, que en los años de vida de la Feria, en sus foros se presentaron y se respetaron todas las ideas, todas las críticas, todas las opiniones. Por eso ahora Padilla tiene las credenciales para presentarse como defensor de esas causas.

La pregunta sin embargo, es si este nuevo paladín de la resistencia cultural, cuya denuncia habló por todos nosotros, efectivamente nos representa a quienes trabajamos en la cultura, escribimos y leemos, y que nos sentimos tan ofendidos como él por el maltrato gubernamental, la reducción de apoyos y la conversión de la cultura en puros discursos sobre los pueblos originarios, como si el México diverso no existiera, como si todos los demás no fuéramos mexicanos, pero que también lo hemos criticado a él por su manera de hacer las cosas.

El rector de la Universidad de Guadalajara dijo que gobiernos y políticos pasan pero la FIL permanece. Veremos si eso sucederá. Porque en la Feria hay política y no solamente ideas y libros. Y porque esa política se refiere a b y apoyos, pero también a formas de entender la cultura y a enconos personales con los que muchos de nosotros no estamos de acuerdo o no tenemos nada que ver.

Por lo pronto, aplaudimos las palabras que se escucharon en esa inauguración.

Escritora e investigadora en la UNAM.
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