Renunció a todo por internarse en una selva del Chocó a cumplir su sueño

Alejandra Liévano es una santandereana y diseñadora de modas que vive en Nuquí.

23/01/2022 1:20:00 a. m.

Renunció a todo por internarse en una selva del Chocó a cumplir su sueño. Alejandra Liévano cambió la vida que tenía para amanecer en un paraíso escondido en la selva colombiana y desde allí trabajar con la comunidad. Esta es su historia. ↓ 👉

Alejandra Liévano es una santandereana y diseñadora de modas que vive en Nuquí.

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La Paisa, as\u00ed le dicen a Alejandra Li\u00e9vano los habitantes de Coqu\u00ed, un corregimiento de Nuqu\u00ed, Choc\u00f3, municipio internado en el Pac\u00edfico colombiano con no m\u00e1s de 8.300 habitantes. Alejandra lleg\u00f3 hace seis a\u00f1os al lugar, para hacer una trabajo de la universidad, cuando apenas ten\u00eda 19 a\u00f1os, y desde el momento en el que pis\u00f3 Nuqu\u00ed \u201csinti\u00f3 el llamado de la tierra\u201d, dice.Con su m\u00e1s de 1,70 de estatura, su cabello largo color casta\u00f1o, su piel blanca y ojos caf\u00e9s, llamaba la atenci\u00f3n de la comunidad, pero no era una turista m\u00e1s de las que llegaban a ver las ballenas o a disfrutar de las playas.Ella cambi\u00f3 su apartamento, su internet banda ancha, sus salidas a comer con amigas a alg\u00fan restaurante por amanecer diariamente en un para\u00edso escondido en la selva colombiana y desde all\u00ed trabajar con la comunidad. Estaba en tercer semestre de Dise\u00f1o de Modas en una universidad privada de Medell\u00edn cuando decidi\u00f3 inspirar los estampados de las prendas de su trabajo final en el Pac\u00edfico colombiano.(Le recomendamos la historia de la influyente cient\u00edfica rusa que le apost\u00f3 a Colombia) \u201cMe impact\u00f3 la cantidad de bondades que encontr\u00e9 en el Pac\u00edfico, pero tambi\u00e9n todo lo que les hac\u00eda falta, es un contraste entre una abundancia natural, pero tambi\u00e9n lo que es la escasez de oportunidades\u201d, dice. All\u00ed comenz\u00f3 a investigar m\u00e1s sobre el Choc\u00f3 y su gente. \u201cAh\u00ed dije: yo tengo que ir. De hecho, cuando present\u00e9 la colecci\u00f3n yo no pod\u00eda hablar, yo solo lloraba, los jurados no entend\u00edan qu\u00e9 pasaba y yo tampoco sab\u00eda por qu\u00e9 estaba llorando, pero sent\u00ed un llamado muy profundo del territorio\u201d, dice Li\u00e9vano.Alejandra sab\u00eda que hab\u00eda una conexi\u00f3n que iba m\u00e1s all\u00e1 de un trabajo de universidad, as\u00ed que en sus siguientes vacaciones de mitad de a\u00f1o compr\u00f3 un tiquete para irse a Nuqu\u00ed sin saber a d\u00f3nde iba a llegar ni qu\u00e9 iba a hacer. Ten\u00eda fecha de regreso para dentro de dos semanas. En esas dos semanas a Alejandra le cambi\u00f3 la vida. Conoci\u00f3 a Mar\u00eda, una matrona del municipio quien le habl\u00f3 del corregimiento donde ella viv\u00eda, Coqu\u00ed. Coqu\u00ed est\u00e1 ubicado a unos 30 minutos en lancha desde el casco urbano de Nuqu\u00ed. Este peque\u00f1o caser\u00edo hace parte de los ocho corregimientos de este municipio. Alejandra volvi\u00f3 a los tres meses, iba y ven\u00eda cada que ten\u00eda vacaciones en la universidad, pero en sus visitas \u201cviv\u00eda un sentimiento muy profundo, desde la ra\u00edz, cuando llegu\u00e9 a Coqu\u00ed yo sab\u00eda que no me quer\u00eda ir, que quer\u00eda vivir en este lugar, esa iba a ser mi meta\u201d, relata. En sus estad\u00edas de vacaciones aprovechaba y dictaba clases de artes en el colegio de Nuqu\u00ed y vend\u00eda postales en un intercambio que le llam\u00f3 la atenci\u00f3n: \u201cYo cambio arte por amor, y con eso que le vend\u00eda a los turistas pod\u00eda comprar materiales para las clases de los ni\u00f1os y les daba clases de tejidos a las mujeres\u201d, dice. La maleta que Alejandra llevaba con ropa la dejaba toda en Nuqu\u00ed y en cambio la llenaba de arroz y panelitas producidas por los nuquise\u00f1os, y ella los vend\u00eda en la ciudad y les enviaba el dinero recaudado. (Le puede interesar: La vida de un colombiano en una ciudad donde no sale el sol en diciembre)Alejandra se gradu\u00f3 en el 2018 con 21 a\u00f1os y decidi\u00f3 ir a otras comunidades rurales de Colombia buscando su lugar. \u201cViaj\u00e9 desde La Guajira al Amazonas y definitivamente confirm\u00e9 que este (Nuqu\u00ed) era el lugar donde yo quer\u00eda estar\u201d, cuenta.Ella ten\u00eda una marca de vestidos de ba\u00f1o que se vend\u00edan muy bien en la ciudad, ten\u00eda un apartamento en la capital antioque\u00f1a; sus amigas, su vida completa estaba all\u00ed, y su familia que vive en Bucaramanga, la ciudad donde ella naci\u00f3 y creci\u00f3. Vendi\u00f3 todo lo que ten\u00eda en el apartamento y empac\u00f3 su vida en dos maletas con las que lleg\u00f3 a Coqu\u00ed para quedarse definitivamente. \u201cYo no ten\u00eda ni idea lo que iba a hacer en este corregimiento de 120 habitantes donde se vive del turismo, de la pesca y de la agricultura. La gente me dec\u00eda como: qu\u00e9 hace esta ni\u00f1a santandereana ac\u00e1, como muy fuera de contexto me dec\u00edan\u201d, cuenta Alejandra entre risas. Desde ese momento la llaman la Paisa, aunque ella es santandereana, as\u00ed qued\u00f3 \u2018bautizada\u2019 por los habitantes del pueblo. Para la familia y amigos de Alejandra no fue f\u00e1cil entender que ella iba a vivir en la selva, \u201cme dec\u00edan que por qu\u00e9 pudiendo estar en cualquier lugar del mundo yo iba a esta aqu\u00ed, ni siquiera fue f\u00e1cil para m\u00ed, pero yo sab\u00eda que ten\u00eda una misi\u00f3n que es la de promover todos los saberes del territorio, de dar visibilidad, que la gente se enamore porque no sabemos el tesoro que tenemos en el Pac\u00edfico, un territorio muy vulnerable\u201d, explica. Pero no fue f\u00e1cil, Alejandra se encontr\u00f3 con un cambio abismal en material cultural y comodidades. Pas\u00f3 de vivir en una capital a vivir en un poblado con 120 habitantes en medio de la selva h\u00fameda colombiana. \u201cEs un choque cultural gigante. Aqu\u00ed no hay hora, todo funciona dependiendo de la marea, si hay marea alta o baja. Los ritmos del territorio se mueven de acuerdo a esa marea. Llueve d\u00eda por medio\u201d, cuenta Alejandra. Ella lleg\u00f3 a vivir en una peque\u00f1a habitaci\u00f3n que ten\u00eda la \u00fanica tienda del pueblo, donde trabajaba al comienzo mientras remodelaba su casa. Atend\u00eda la tienda de v\u00edveres del pueblo y con eso sobreviv\u00eda.Mirar al techo y encontrarse una boa gigante o caminar saltando las culebras que se encontraba en el camino se fue volviendo cotidiano para ella. \u201cEntender el contexto fue mi primera tarea. Aqu\u00ed no se vive sino que se sobrevive. Los primeros meses fueron muy dif\u00edciles, no hab\u00eda se\u00f1al de celular, no pod\u00eda comunicarme con mi familia y viv\u00edan muy preocupados porque habl\u00e1bamos por mucho una vez a la semana, ahora ya hay internet satelital y es otro cuento\u201d, explica. (Adem\u00e1s: Vend\u00eda tamales y hoy tiene pizzer\u00edas que venden 10 mil millones)Pero para Alejandra son m\u00e1s los aspectos positivos de vivir en la selva que los negativos. \u201cLlegar ac\u00e1 fue crecer f\u00edsica y espiritualmente, pude construir una familia de 120 personas. Vivo enamorada del paisaje, de las personas, de la calidez, me han recibido con los brazos abiertos y agradezco todos los d\u00edas\u201d. Las claves de la Paisa para sobrevivir en la selva son basadas en la improvisaci\u00f3n y la adaptabilidad, \u201cvivo much\u00edsimo m\u00e1s feliz aqu\u00ed que si tuviera todas las comodidades de la ciudad, pero hay que vivir improvisando para poder adaptarme, soy la reina de la improvisaci\u00f3n\u201d, cuenta entre risas.Alejandra se ha mantenido en el lugar atendiendo la tienda, siendo dise\u00f1adora freelance online y dictando talleres en el colegio. Estos trabajos le han permitido construir su casa con sus propias manos en Coqu\u00ed. \u201cHay periodos de abundancia econ\u00f3mica como hay momentos que no, pero jam\u00e1s me ha faltado nada porque cuando no tengo para comer siempre aparece un vecino con un pl\u00e1tano\u201d, dice.La \u00fanica vez que Alejandra estuvo fuera de la comunidad por un largo periodo fue producto de una leishmaniasis, que es una enfermedad parasitaria que le produjo la picadura de un mosquito infectado cuando estaba recogiendo ca\u00f1a. Tuvo que irse a la casa de sus pap\u00e1s en Bucaramanga por tres meses por una herida que no le sanaba ya que en Coqu\u00ed no cuentan con un espacio para atender a los pacientes. \u201cEstando all\u00ed, muchas veces mi mam\u00e1 y mi abuela me dec\u00edan que no me devolviera, que me quedara trabajando all\u00ed; pero es que no es negociable, este es el camino que yo quiero\u201d, comenta Alejandra. Los 120 habitantes de Coqu\u00ed se convirtieron en su familia y ella sent\u00eda la necesidad de ayudarlos y junto con su mejor amiga, Camila Curiel, comenzaron a trabajar en materializar una propuesta donde se valore el oficio ancestral porque all\u00ed a\u00fan se preserva mucho el valor de la artesan\u00eda, de las plantas medicinales, de la agricultura y de la gastronom\u00eda.As\u00ed naci\u00f3 la fundaci\u00f3n Casa M\u00facura, un proyecto en el que est\u00e1n vinculadas las mujeres del pueblo a las que les han ense\u00f1ado a tejer y a transformar los productos que se cultivan en la regi\u00f3n para que sean vendidos en las ciudades. En este momento tienen dos proyectos activos con Casa M\u00facura.Uno es el Centro de Saberes de Nuqu\u00ed, que consiste en un museo que construyeron en una casa abandonada donde hay cinco salas de exposici\u00f3n de plantas medicinales, artesan\u00edas, agricultura, gastronom\u00eda y pesca que puede ser visitada por turistas. Las familias del lugar se rotan la administraci\u00f3n del museo cada semana y as\u00ed pueden tener ingresos de las visitas guiadas.Pero no solo est\u00e1n las cinco salas, tambi\u00e9n hay un \u2018aula viva\u2019 que se ha convertido en un espacio donde los locales dan clases de artesan\u00edas, de cocina, se dan ba\u00f1os medicinales.(Lea tambi\u00e9n: As\u00ed gan\u00e9 45 millones de pesos con una foto que tom\u00e9 en un paseo)Sin embargo, la pandemia fren\u00f3 la llegada de turistas y con ella lleg\u00f3 un nuevo proyecto para la fundaci\u00f3n, el costurero del golfo. \u201cAc\u00e1 llegaban y llegaban cargamentos de donaciones de tapabocas desechables que iban a terminar en el mar. Entonces con cinco mujeres comenzaron a tejer tapabocas a mano\u201d, cuenta. Alejandra llam\u00f3 al alcalde y le propuso que comprara los tapabocas que estaban tejiendo y les compraron 3.000. Esta cifra hizo que Alejandra se fuera de corregimiento en corregimiento a reclutar mujeres. \u201cMe camin\u00e9 los corregimientos ense\u00f1ando a tejer a mano para que las mujeres que quisieran tuvieran trabajo en la pandemia. Reclutamos 120 mujeres que se sumaron a esta labor\u201d, cuenta.As\u00ed naci\u00f3 el Costurero del Golfo, por el que han recibido donaciones de m\u00e1quinas industriales de amigos y de dise\u00f1adores \u201cque se han enamorado del proyecto y ya completamos 10.000 tapabocas\u201d, dice Alejandra.Luego de esto les sali\u00f3 un contrato para hacer pa\u00f1ales desechables, y hoy por hoy esto se ha vuelto una misi\u00f3n de mitigar el uso del pl\u00e1stico en el territorio. \u201cEsta iniciativa, que comenz\u00f3 con cinco mujeres en mi sala, se ha convertido en una escuela de formaci\u00f3n donde no solo estamos tejiendo, sino aprendiendo sobre todas las cosas. Quiero dejarles un legado a todos los del territorio\u201d, concluye Alejandra.As\u00ed es como la Paisa se ha ganado un lugar en el coraz\u00f3n de los coquise\u00f1os, es una m\u00e1s de esta gran familia de 120 personas, que alterna con su familia en Bucaramanga, a donde viaja al menos una vez en el a\u00f1oMAR\u00cdA ALEJANDRA RODR\u00cdGUEZ CASTELLANOS REDACTORA NACI\u00d3N EL TIEMPO EN TWITTER: @MariasRodriguez