El duelo como una trama entre la vida y la muerte | Vir Cano, filosofe y escritorx, y un libro necesario en tiempo de duelos colectivos

26/11/2021 09:49:00 a.m.

El duelo como una trama entre la vida y la muerte | Vir Cano, filosofe y escritorx, y un libro necesario en tiempo de duelos colectivos

Las12, Vir Cano

El duelo como una trama entre la vida y la muerte | Vir Cano , filosofe y escritorx, y un libro necesario en tiempo de duelos colectivos

Vir Cano tenía 14 años cuando el grito de su madre desgarró la noche. El hermano mayor había muerto en un accidente. Desde entonces, quien ahora es filósofx e investigadorx del Conicet, vive con la ausencia y la interrupción intermitente de ese duelo t...

Vir Cano, filósofa y escritora, investigadora del Conicet, activista lesbiana feminista.. Imagen: Sebastián Freire“Cómo firmarLa conversación con Vir Cano acompaña su forma de escribir, con cortes, ambivalencias, preguntas sobre preguntas, accidentes -hasta la grabación se desacató en el camino-, pero sobre todo placer. El que trae la palabra cuando se la da vuelta en la boca hasta que dice. O hasta que engendra otra. Desde lo íntimo a lo colectivo, desde la pregunta por el dolor al ensayo de un aprender a vivir y morir con otres, como dice la entrada “Morir” en su abecedario del desacato.

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Vir Cano, filosofe y escritorx, y un libro necesario en tiempo de duelos colectivos El duelo como una trama entre la vida y la muerte Vir Cano tenía 14 años cuando el grito de su madre desgarró la noche.La pequeña le reveló a sus padres lo sucedido a través de un dibujo que describe la situación y el cuál hace parte de la investigación.26 de noviembre de 2021 00:05 LA NACION .November 26, 2021 La remontada del equipo "millonario" en este torneo, luego de quedar eliminado de las otras dos competiciones (Libertadores y Copa Argentina), tuvo una efectividad altísima que incluyó ocho triunfos seguidos y un invicto que viene desde la quinta fecha.

El hermano mayor había muerto en un accidente. Desde entonces, quien ahora es filósofx e investigadorx del Conicet, vive con la ausencia y la interrupción intermitente de ese duelo temprano que sembró un montón de notas escritas cada septiembre, para el aniversario de la pérdida." Me empieza a contar que el profesor le metía la mano por adentro de la ropa. Este año esas notas, más los escritos acuñados en esta época pandémica se transformaron en un libro: Dar (el) Duelo. No sólo se sienten aliviados con un resultado electoral que fue mejor al que esperaban, sino que por primera vez en mucho tiempo algunos de los ministros del gabinete empiezan a percibir que les aflojaron la correa para poder actuar. Notas para septiembre (Galerna) que aunque no fue pensado para acompañar los duelos colectivos, es exactamente eso lo que hace. Y continuó: “ Me dijo que a ella le hacía solo eso pero que a otros chicos los encerraba en el baño y a otros, si se portaban muy mal, les hacían otras cosas. Además, y como punto de fuga y de juego, publicó este año también Borrador par un abecedario del desacato (Madreselva), una forma de respirar otro aire, de soltar la lengua. En 2016, el equipo tuvo un gran recambio y el torneo que se jugó en dos zonas transcurrió al mismo tiempo que la primera fase de la Libertadores, pero el "millo" no pudo acceder a las semifinales tras quedar a 16 puntos del líder San Lorenzo.

26 de noviembre de 2021 - 01:22 Vir Cano, filósofa y escritora, investigadora del Conicet, activista lesbiana feminista. Ahí se calló y no me quiso decir más nada ”. De los resultados que ofrezca el equipo de Fernández en el corto plazo dependerá que la correa no se vuelva a tensar.. Imagen: Sebastián Freire “Aislar la muerte de la vida, no dejarlas entrelazarse íntimamente, cada una intrusa en el corazón de la otra: he aquí lo que nunca hay que hacer”, cita Vir Cano en el prólogo de su libro Dar (el) duelo. Además, reveló que su hija se presentará hoy ante un grupo de psicólogo para ser entrevistada. Notas para septiembre (Galerna), publicado este 2021, en los meses más duros de la pandemia en nuestro sur. “En la tendencia hay acuerdo, pero falta que Cristina le baje el martillo”, admite un ministro, con algo de resignación y preocupación. Y esa cita alumbra un texto duro, insistente, en el que recoge las notas que cada septiembre, para la fecha del aniversario de la muerte de su hermano mayor, cuando Vir tenía 14 y él 20, escribió como si irrumpieran, necesarias, para hacer lugar a una trama donde las dos, la ausencia y la presencia, tejen puntos y rupturas entre un cuerpo presente, el suyo, y el ausente que también se carga sobre la hermana donde el duelo ha impreso su huella. El área de Psicología de la Dirección General de Cultura y Educación junto con el cuerpo de inspección y la Dirección de Nivel Inicial comenzó a trabajar para acompañar a las niñas, niños, familias, docentes y toda la comunidad educativa y como indica el protocolo, mientras que se desarrolle la investigación, en forma preventiva, los docentes denunciados no estarán frente a cursos. La Superliga 2018-19 tuvo, como solía suceder, un mal inicio porque se jugaron los cruces definitorios de la Libertadores que conseguiría en Madrid y que lo llevaría al Mundial de Clubes, por lo tanto el año terminó con el equipo lejos en la tabla local.

Casi al mismo tiempo y empujadx por la necesidad de recrear una imaginación que rompiera el aislamiento de 2020, escribió Borrador para un abecedario del desacato (Madreselva), “un ejercicio de soltar la lengua, la imaginación, la fantasía”, dice lx filósofx, docente e investigadorx del Conicet. Un ejercicio plagado de imágenes con la intención evidente de “darle carnadura a una práctica, a un verbo para aproximarse no a definiciones sino a prácticas”. Embed El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores. Mientras tanto, el BCRA seguirá endureciendo el cepo cambiario para cuidar sus contadas reservas. Los dos textos van juntos, los dos son desacatados, los dos oportunos en este tiempo de duelos colectivos y también de duelos que no llegan a colectivizarse, tal vez porque la pandemia todavía no ha podido ser procesada, ni dolida. Corremos tras el fin como si pudiéramos salir de un lugar que aun no se termina de reconocer. Pero hay una diferencia entre los dos, en el que habla del duelo, su firma está interrumpida por una barra: Vir/ginia Cano, mientras en el otro, el del desacato, se ha perdido la marca de género en el nombre que le pusieron y queda sólo el que elige, Vir Cano. Sin cuotas, muchos deberán quedarse en el país.

“Cómo firmar Dar (el) duelo fue un tema, o más bien una decisión. Por un lado, quería dejar atrás un nombre, “Virginia”, que me acompañó por mucho tiempo pero que ya no me quedaba cómodo, y por el otro, también quería honrar el hecho de que ese nombre y esa persona (Virginia), había sido quien había sufrido esa pérdida a sus 14 y quien había escrito muchos de los textos que aparecen en este libro. Otros los escribí ya siendo Vir. Una norma de menor impacto que la de las tarjetas para las personas de a pie, pero en la práctica de amplio impacto en la plaza financiera. Caro Di Bella, mi editora querida, vino al rescate y me dijo: ‘¿y si usás la barra?’. Así que decidí inscribir esta tensión biográfica así, con la barra que interrumpe y lascera un nombre que es y no es mío.

En este librito, entre otras cosas, también duelo ese nombre, su inestabilidad y su partida. Guzmán ha perdido credibilidad entre sus interlocutores, y el contar con el favor de la directora gerente, Kristalina Georgieva, dejó de ser un activo.” No es posible decir que con el nombre que duela también se ha desprendido de su duelo. No es algo de lo que alguien que vive con la compañía de un muerto, de una muerta queride pueda hacer definitivamente. Pero su recorrido, sus pliegues y repliegues, acompañan, abrazan, entrelazan. Las definiciones de la letra chica del acuerdo vienen mucho más lentas de lo que a muchos dentro del Gobierno -sobre todo, a los hombres más cercanos al Alberto Fernández- les gustaría. La conversación con Vir Cano acompaña su forma de escribir, con cortes, ambivalencias, preguntas sobre preguntas, accidentes -hasta la grabación se desacató en el camino-, pero sobre todo placer.

El que trae la palabra cuando se la da vuelta en la boca hasta que dice. O hasta que engendra otra. En el Presupuesto 2022, Guzmán contaba con que los multilaterales aporten el año que viene un neto de US$12. Desde lo íntimo a lo colectivo, desde la pregunta por el dolor al ensayo de un aprender a vivir y morir con otres, como dice la entrada “Morir” en su abecedario del desacato. ¿Por qué en un abecedario de prácticas elegiste esa entrada? Digo porque más que una práctica es un último acto. --No podía hacer un libro que no incluyera esa palabra, pero además porque necesitamos repensar las prácticas sobre como acompañamos nuestra finitud. Lo que en un comienzo fue una idea de Guzmán de someter el acuerdo a votación del Congreso ahora es una exigencia de jugadores clave en Washington.

Tenemos maneras privadas y y a veces miserables de tramitar la muerte. Tenemos que aprender a morir juntes. Y eso es vivir. “El tipo de cambio no está atrasado, y una devaluación sólo generaría efecto de pobreza y transferencia de ingresos. Estar ligados a seres finitos que requieren, requerimos, asistencia, cuidados. Y hay algo de cómo pensamos esos vínculos entre la vida y la muerte comunitaria que tienen que repensarse.

Realmente hay algo desacatado en rearmar la vida y la muerte en común. El economista Emmanuel Álvarez Agis hizo un relevamiento minucioso de los documentos que publicó el FMI en los últimos seis años, y en función de las evaluaciones del organismo avala la versión oficial. ¿Cambió tu percepción del duelo en esta época pandémica? --Sí. Y escribir el libro incluso tuvo algo que ver con eso, con sumergirme en la sensación de que hay un espíritu de época doliente. Y podríamos pensar igual que ese espíritu de época es ambivalente, porque por un lado para mí está como la presencia de la pérdida, de la muerte y por otro lado hay cierta inmunización, cierta anestesia frente a esa muerte inconmensurable. Así, Álvarez Agis asegura que del análisis de todas las evaluaciones del FMI se pueden obtener tres conclusiones: que el Fondo considera que las medidas de control de capitales son necesarias en el corto plazo para evitar salida de capitales, pero que tienen que ser eliminadas de forma gradual una vez que se logre estabilizar la economía ; que la evaluación del tipo de cambio real de equilibrio no es un factor que determine las recomendaciones de política económica (quedó en evidencia tras las observaciones que hizo el FMI en la revisión del Artículo IV en 2016 y 2017); y lo que es más importante, que “la política es el factor determinante para las recomendaciones del FMI, por encima de lo que diga el staff técnico”. Pero el duelo está en el aire inevitablemente, tenemos conteo de muertos todos los días y algo de esa sensación de un duelo colectivo.

Y además está lo que pasó con el libro, la recepción de muchas personas contándome sus duelos, si bien es muy difícil, digamos de leer hay algo que dejó de ser tan mío. Eso es una transformación enorme de un duelo para mí. Cualquier cosa que el staff decida, deberá pasar por el filtro del directorio del Fondo, donde básicamente Estados Unidos tiene la silla de mayor peso, con 16% de los votos y poder de veto. ¿La muerte ha sido tu maestra? --Por supuesto. No sé si es una lección deseada, seguro no es una lección elegida, pero hay algo de la conciencia de la finitud que para mí sólo llega a través de las muertes de les otres y en especial de quienes son nuestros seres queridos. La conciencia de la precariedad, de la vulnerabilidad, de la fragilidad de la vida me vino de muy joven con el duelo de ese ser tan cercano, de mi hermano muerto a los 20 años. Otro, y clave, es la relación de la Argentina con China.

¿Es un saber que fue sedimentando en estos años de aniversarios de la ausencia? --Pienso que fue algo que fue sedimentando. La muerte de mi hermano fue un accidente, o sea que yo no tuve una preparación, ni siquiera figuraba en mi cabeza de piba de 14 años la idea de que podía perder un hermano. Así que sí, hay algo ahí de la irrupción y después el recuerdo de una adolescencia triste porque no tenía a mi hermano., este mes, la U. De estar triste, muy triste por mis padres, por verlos a ellos tan doloridos. El duelo arrancó en la adolescencia, después se transformó y también vinieron otros… ¿Podríamos nombrarlo como un trayecto, como una progresión? --No diría que es progresivo, para nada, yo no siento algo del progreso del duelo.

Sí siento que se retuerce.uscc. Que se pliega, que se retira y vuelve. Hay algo de los duelos que tienen un tiempo propio, no son lineales. Y van cambiando por supuesto. De hecho, le dedica párrafos al país, en donde vierte expresiones inquietantes. En el libro digo que el duelo se hizo viejo.

Yo siento que tengo un duelo añejo, que tiene mucho tiempo conmigo que se hace viejo mientras yo me hago viejo, también. Vir Cano, en Instagram se la puede seguir como @doctorta Hay algo en el libro que a simple vista podría ser paradójico y es que el registro del duelo es muy corporal. Ese financiamiento, asegura el reporte, da poder a China sobre la Argentina. Alguien que ya no tiene cuerpo, en este caso tu hermano, se imbrica en el tuyo, lo narra con su ausencia también. --Sí, para mí es una experiencia sumamente corporal. Por supuesto no puedo hablar por los duelos de todo el mundo, pero en lo personal se siente mucho en el cuerpo, ocupa ahí un vacío enorme. E incluye las conclusiones del viaje del Almirante Craig Faller, el jefe del Comando Sur, que vino al país enviado por Biden en abril pasado.

Y, por otra parte, aparecieron entonces ciertos dolores corporales que yo ligo a la muerte de mi hermano. No tengo ninguna evidencia científica, pero todos los septiembres en mi vida me duele la panza. Está bien, siempre duele, es una zona sensible para mí. Más aun, el gobierno argentino no tiene un mecanismo para garantizar que su uso sea exclusivamente con fines civiles”. Pero es muy zarpado como el dolor se presenta en septiembre y pienso que lo que aparece es un cuerpo que se lamenta. El dolor como una memoria corporal.

El duelo abre canales de expresión en el cuerpo., pero también con los representantes de Japón y de Alemania, otros de los “duros” dentro del directorio. Un cuerpo que imprime su huella. En el libro se sienten esos pliegues de los que hablas y también la repetición, el paso por la fecha, revivir, transformar, hay como un paso más cada vez que se acerca o que irrumpe septiembre e irrumpe tu hermano mayor. Ese diálogo en espiral con la ausencia de él y la presencia del duelo en tu cuerpo. El Presidente ha dado sobradas muestras de flexibilidad en sus promesas. --El duelo es muy injusto con quienes viven, con quienes vivieron.

Y es que uno tiene un vínculo fantasmático con quien ya no está, al que le hace decir cosas y a quién invita. Aunque yo pienso. Después de la elección hay una tribalización del poder. o experimento, más la irrupción de los muertos. ¿Pero habla el fantasma? ¿Lo haces hablar? --No, yo escribo. Hay quienes sí hablan con sus muertos, en mi caso es la escritura..

Y escribo de la ausencia de mi hermano. No todas las pérdidas son así. Yo tengo una vida donde la mayor parte transcurrió con la ausencia de mi hermano, lo más presente en mi vida, es la ausencia de mi hermano, no su presencia sino su presencia fantasmática. ¿Y cuando vivía era tan presente? --Yo me acuerdo poco, pero porque tengo mala memoria biográfica, cualquiera de mis afectos lo puede decir. Tengo algunos recuerdos, no son infinitos, pero porque no tengo infinitos recuerdos de mi infancia ni de mi primera adolescencia.

Era, sí, un hermano presente igual que mi otro hermano. Pero su mayor y más contundente, paradójica, presencia en mi vida, es la ausencia. Mi hermano mayor es el hermano que se muere joven y es la inauguración de la fila hacia la muerte. Esto significa un montón de cosas que claramente lo desbordan. En la lectura del libro esa sensación es dolorosa, como que se arma un muchacho y a la vez no, no llega a verse, es como atisbarlo en un sueño de esos en que querés abrazar y nunca se llega.

--Yo tengo imágenes, los rulos, tal vez cosas que se superponen con mi cuerpo. Es loco y sí, es la tumba del recuerdo también sobre la que nunca se para de echar tierra. Un desfasaje entre la existencia fáctica de quien se muere y lo que nos pasa luego con esa ausencia. Hay otro desfasaje entre nombrar un muerto y los muertos, como que la muerte nunca es en singular -y a la vez cada quien que nos falta tiene una tremenda singularidad. --¡Es que es la pérdida de la inocencia! Cuando alguien querido muere sabés que otres pueden morir.

Todas las pérdidas trascienden esa pérdida en particular, nos hablan de la vida y su inexplicable relación con la muerte. Un muerto son todos los muertos de alguna manera. Por eso la conciencia de la finitud. La muerte viene a través de la muerte de los otros, porque ahí experimentás la propia finitud. Y eso siempre nos desborda, desborda a la propia pérdida.

En tu caso, además, es un saber que llegó muy pronto en la vida. Y ahora, después de estos años de pandemia y sin saber del todo lo que vendrá, aunque las vacunas funcionen, ese saber es también común, de alguna manera se desprivatizaron los duelos. --Sí, yo pienso que sí hay una gran conciencia de la fragilidad y también hay una resistencia enorme a asumir eso que nos está pasando. Me parece que es un fenómeno complejo, no diría que se desprivatizó, pero sí asistimos a la muerte joven, a la muerte inesperada. La covid es una enfermedad que te puede matar muy rápidamente… y también creo que es una sociedad negada a ver lo que nos está pasando.

Tal vez porque no sea el tiempo, tampoco sé cuál sería el tiempo. Pero lo que se respira es como un duelo inminente y a la vez negado. ¿Les dolientes también seremos en plural, como lxs muertos? --De un modo paradójico, en el duelo se tensan dos movimientos antagónicos. Por un lado, suele producir un enorme ensimismamiento. Como un perro que se pierde en su herida, nos recogemos en nuestro dolor y nos alejamos para lamernos la patita.

Pero el duelo es también un movimiento profundamente extático, en el sentido etimológico del término, es decir que es algo que nos saca de nosotres mismes. Los duelos nos arrojan fuera de la esfera de inmunidad del sí mismo, y nos abisman a nuestro ser-en-común. Por eso los duelos son una experiencia de expropiación, de desasimiento, de ruptura de los límites y las potencias del yo. Cuando perdemos a alguien querido, no sólo no lo elegimos ni planeamos, sino que también perdemos siempre algo de nosotrxs mismxs, eso que se va con el otrx, eso que éramos junto a lxs que ya no están y no podremos recuperar. Sin embargo, muchas veces, cuando se ven a esas madres de víctimas de violencia institucional, estatal, las madres de las víctimas de femicidio, pasa como algo doble ¿no? De duelo colectivo que se propone desde la calle y la necesidad de familiares de sostener la individualidad.

--Tal vez sea esta condición extática del duelo, esa constatación experiencial de estar abiertxs y expuestxs a lxs otrxs que acarrea, el motivo por el cual nuestro tiempo, tan plagado de muertes y pérdidas, parece reacio a darle lugar a un duelo colectivo, el único que podría hacerle algo de justicia a la herida que atraviesa nuestro presente. En un mundo que no para de decirnos que cada uno es lo que es, que lo más importante es la libertad individual y los logros personales, que cada unx tiene lo que se merece, etc, la idea y la práctica del duelo colectivo se presenta como un desafío a las políticas afectivas neoliberales que intentan privatizarlo todo: nuestras condiciones materiales y simbólicas de existencia, pero también nuestros dolores, nuestros pesares, y nuestras alegrías. Tejer la red para ese duelo colectivo es, quizás, una tarea urgente para resistirnos al imperativo ego-lógico que precariza nuestras existencias y socava la posibilidad de tramar unas vidas y unas muertes en común menos solitarias, menos inequitativas, y también, menos humanas, demasiado humanas. Entonces no hay solo dolor en el duelo, también hay posibilidad --El duelo también puede ser desacato: desolla las capas superficiales de un yo siempre tembloroso, vulnerable; dinamita las fronteras entre el sí mismo y lxs otrxs, y nos recuerda que -incluso a pesar de nuestros mayores esfuerzos y fantasías de inmunización- estamos inexorablemente abiertos, inevitablemente arrojados de lxs otrxs. Pero es justamente aquí, en el umbral trémulo y colapsado del yo (y de lo otro), donde aparece el bálsamo de lo común.

No soy particularmente optimista respecto de la posible “lección de aprendizaje” de la pandemia, pero sí espero que haya en la turbulencia de nuestro presente la débil posibilidad histórica de re-pensar la comunidad, de producir modos de vida y de muerte con otrxs (humanos y no humanos, animales y vegetales, con la tierra toda) que sean más hospitalarios, menos hostiles. Ojalá seamos capaces de desbaratar algo de la representación inmunitaria del yo que profesan (y profitan) las derechas, para ensayar un nosotrxs en co-habitación con otros reinos y especies. Hay razones de sobra para no creer en eso que “aprendimos de la pandemia”, aun cuando la pandemia no se terminó. Tampoco alumbró ningún sueño revolucionario ni sacó a medio mundo a la calle a reclamar contra las patentes de las vacunas, por ejemplo. Más bien acercó la idea de apocalipsis.

--Yo creo que se activaron ambas fantasías, la del sueño revolucionario, como las profecías pesadillescas del fin del mundo. En uno y otro caso, el tiempo es el camino a un desenlace anunciado, a algún tipo de resolución, ya sea a través de la redención o de la autodestrucción. La linealidad del tiempo es una representación todavía vigente, en discursos provenientes de posiciones muy diferentes. Pero quizás sea tiempo de arriesgar otras maneras de pensar no tanto “el tiempo” sino más bien los tiempos, no tanto “la historia”, sino más bien los relatos, no tanto el “gran final” sino los diversos trayectos y sus costos. Saltarse la aporía que enfrenta el sueño de la revolución al del apocalipsis requiere el desacato de ampliar nuestra imaginación política en relación al tiempo, el futuro y las posibilidades de una transformación de nuestros modos de vida.

Un poco la imagen del compost que traés puede ser una linda manera de abordar el desafío de sentipensar esos distintos tiempos y materias que se mezclan, se transforman, se tensan, se anudan, se recomponen y se reciclan. El compost puede ser otra alcantarilla desde la que mirar el mundo, para parafrasear a la Pizarnik. Por lo pronto, es urgente interrumpir la soberbia humana, ese especismo arraigado y endémico que nos conduce al extractivismo y la miseria, esa compulsión a pensar y actuar como si fuéramos el centro indiscutible de la escena y que, parafraseando a Mark Fisher, no sólo hace que nos sea más fácil imaginar el fin del mundo que el del capitalismo, sino que también nos impide pensar nuestro propio final como especie y modo de vida sin igualarlo al fin del mundo. Nuestra vanidad no tiene límites, y muchas veces nuestra falta de imaginación política y existencial tampoco. En cualquier caso, como dice Donna Haraway, yo soy de lxs que prefieren evitar la doble pinza de la revolución o el apocalipsis para “seguir con el problema” de habitar un tiempo convulso y una tierra herida, allí donde no hay promesas de salvación ni de final del juego, sino una complejidad de tiempos y circunstancias que hacen a la vida y a la muerte en común, y que -fundamentalmente- no nos trata a todxs y todo por igual.

En tus libros, en tus textos, siempre aparecen las interrupciones, las barras, los cortes. Me viene a la cabeza la imagen de quien escribe como si entrara en la selva, con el cuchillo en la boca. Una imagen que siempre aliento cuando doy talleres de escritura… --Me suena, ¡y me gusta! mi madre siempre me dice que tengo la lengua afilada, y yo pienso que qué suerte porque escribir, a veces, se parece bastante a cortar, a lacerar, a abrir lo que parecía cerrado. val flores escribe en un texto que me gusta mucho que “tiene una guerra en la lengua”, quizás una batalla que librar en el lenguaje. Ojalá que algo de este espíritu esté en mis escritos, ojalá sean filosos, entrecortados, tartamudos.

Ojalá alberguen bordes, y espolones, y también fiestas y reposos. No estaría muy segurx sobre por qué escribo, pero asumo que por muchos motivos, para decir lo que no se dice, para fantasear con otros mundos, para resonar con otrxs, para inventar la bocanada de aire en un tiempo que asfixia. Pero fundamentalmente, creo que la escritura es también un modo de hacer comunidad y de disputar lo posible, una manera de tejer lazos, de contar las historias que nos ayudan a entretejer vidas, cuentos, muertes, pérdidas, seres, territorios, tiempos y finitudes. Por último y ya que hablamos de escritura ¿Cómo dialoga tu producción actual con tu primer amor nietzscheano? Nietzsche es uno de esos autores que me han marcado a fuego. Si bien hace años que ya no me dedico a su filosofía, hay algo de su tesitura intelectual que siempre me acompaña.

El bigotudo es un filósofo del riesgo, del temblor, de la duda y la corrosión; es un intelectual que ha hecho de la sospecha y la subversión herramientas de pensamiento y transformación. Yo no sé si he sido un buen discípulx, pero con suerte, algo de ese espíritu de revuelta y de crítica atraviesa mis escritos Si llegaste hasta acá... Es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoria de los medios.

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